Por Dra. María Alvarado Mejía
Psiquiatra – Psicóloga clínica
Recordemos que detrás de cada médico hay un ser humano que eligió prepararse para
salvar vidas. Cuando lo miramos, vemos a alguien muy bien preparado para diagnosticar,
tratar enfermedades y aliviar el sufrimiento de los demás. Sin embargo, en medio de sus
responsabilidades, sus servicios y sus largas jornadas de trabajo, incluso se olvida de sí
mismo y de su propio estado emocional.
Esa responsabilidad, la presión asistencial y el contacto continuo con el dolor y el
sufrimiento pueden, poco a poco, ir comprometiendo la salud mental del médico. Quien dedica parte de su vida a cuidar a los demás también necesita cuidarse: tener tiempo para hacer pausas, descansar, expresar sus emociones y recibir apoyo. También necesita ser escuchado.
Desde el punto de vista de la psiquiatría, el médico se cansa. No es inmune a los cambios
emocionales: puede deprimirse y presentar ansiedad. Sus conocimientos no lo hacen
invulnerable. Por todo lo anterior, debemos promover una cultura del autocuidado y del
descanso, y no temer al estigma profesional por buscar ayuda cuando sea necesario.
Un profesional que recibe ayuda es más equilibrado, tiene mayor empatía con sus
pacientes y compañeros y, ¿por qué no?, más humanidad. Cuidar al médico es también
cuidar al paciente.
Un médico que cuida su cerebro protege su salud mental y fortalece su capacidad para
cuidar la vida de los demás.

